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Hot Slut of the Day

El Incomparable Jousi

(Jousie, Hot Slut of the Day, estilista)

Lo primero, disculparme ante Michael, de la genial DListed, por robarle uno de los mejores tags que he leído en mucho tiempo, pero la tentación de tomarlo prestado, sin alterar ni traducir, era demasiado grande como para obviarla.

Así que para hoy tengo una auténtica slut. Un tipo que “no tiene paroles” y que me fascina, por su inteligente mezcla entre un Peter Sellers lánguido veraneando en Capri en 1962, el supuesto wit de Truman y la incomparable voz y actitud de Carlos Areces cuando hace del Bonico del tó en Muchachada Nui. ¿Mezcla explosiva? No, sinónimo de éxito.

Os presento pues a Jousi, nuevo profesor y estilista de Supermodelo 2008, que promete, y mucho.

Little thinkers, little presents

Wilde

(Marichalar O´Flaherty Wills Wilde)

Como algunos recordaron, el pasado viernes fue mi cumpleaños. Dos docenas, nada más y nada menos.

Así que aprovechando estas temperaturas estivales, lo celebré ayer con mi muchachada particular, la cual me obsequió con geniales regalos a cual más maravilloso, e incluso extraño. Así que gracias a Zinho por mi nuevo Ipod (y el dinero que se gastó en el banquete y el aparcamiento), a Amelia y J por regalarme un peluche de Oscar Wilde que es clavado a Marichalar, como el de la fotografía (gran página web donde los venden, Unemployed Philosophers Guild, en la sección Little Thinkers), su DVD del príncipe Rufus Wainwright, a Irene por su Robot de Prada (Chinese Fashion Economic Version rules!), a Rocío, Adriana y de nuevo Amelia por el blanco vestido y el maxibolso polivalente, (¡otro a la distinguida colección de bolsos gigantes donde se guarda de todo! ¡Sí!), y a Bárbara por su adorable colgante del gato y el pájaro azul.

Y también gracias a Momo por soportar que le recitara las únicas palabras que sabía de italiano (Botticelli, spaghetti, Vasari, Da Vinci, Dolce & Gabanna), a Adriana por bailar así en el Costello, a Javi por sus anécdotas a lo Marcial Ruiz Escribano sobre vacas, metano y poneys que comen demasiado forraje, a Araceli y Matías por su presencia (¡esa Araceli borracha!), y al siempre encantador Fer, que aunque no pudo venir por culpa de que su padre sea alcalde de algún pueblo, estuvo de cuerpo presente gracias a que ahora es famoso y sale en la revista On Madrid, la cual dejamos encima de la mesa para que nos iluminara.

¡Gracias a todos!

Zafieando zafónicamente

Zafieando

(Sin título… venga, no. Carlos Ruiz Zafón. Bolígrafo de rotular sobre papel)

Puede que a estas alturas me esté repitiendo más que esa ensalada de pepinos devorada durante una calurosa noche de julio, pero hay casos que invocan a mi lengua conservada en vinagre. Sí, ya sé que los psicólogos recomiendan no criticar, ni dejarse llevar por la ira, pero mientras haya personajes que demanden de vez en cuando una azotaina pública, ahí estaré yo para hacerlo notar, dentro de los dominios que me atañen.

Y en estos tiempos de publicitar la última novela de Carlos Ruiz Zafón a bombo y platillo (ya sabéis, jarana, alharaca y la gente se queda boquiabierta), he recordado porqué detesto tanto a éste tipo.

Creo que todo surgió cuando salió a la palestra el celebradísimo La Sombra del Viento; ocurrió como con el autocomplaciente El niño del pijama de rayas, o Harry Potter, o el detestable Código da Vinci: de pronto trenes, metros y autobuses estaban llenos de gente hundida entre las páginas de aquel mamotreto. ¿Etiqueta de best-seller? ¡Huye mientras puedas, Lucinda! Pero como siempre, caigo en dejar aparcada un rato la lengua de víbora y en darle una oportunidad al susodicho libro. Después de todo, hay best-sellers potables. ¿Qué me decís de las novelas de Umberto Eco? Tienen un pase.

El caso es que mientras leía (era verano, creo) tumbada en la cama haciendo tiempo a que llegara la hora de ir a buscar al trabajo a mi hermoso jamelgo, mis ojos cada vez picaban más, y no era porque estuvieran floreciendo por enésima vez los almendros de mi ventana, no. Es más, no era alergia especialmente, sino urticaria, tenía urticaria visual de tanto cambio de narrador, de tanto gazapo histórico, de tantos clichés aguados sin personalidad, de seguir un hilo narrativo que parecía un hermano pequeño y retrasado de Amar en tiempos revueltos.

Si os acordáis, una vez publiqué que mi amado Truman dijo en una conversación casual que el hombre que pasara un tiempo en Los Ángeles sufría una bajada de un punto al año en su C.I.. No es de extrañar pues que Zafón, aunque catalán, viva en esa ciudad californiana, se vista con camisas hawaianas a lo John Lasseter y escriba guiones para TV. Aunque eso no explica esas poses tan estudiadas con gloriosos fondos arquitectónicos de reminiscencias gótico-modernistas con las que gusta de retratarse para sus entrevistas.

Casi lo imagino, con su perillita y sus gafas de intelectual, crujiéndose los dedos, extasiado ante su gracia, antes de comenzar a escribir en su Mac Book, carraspeando, preparándose para parir otro ladrillazo, sintiéndose tan poderoso y legítimo, pasándose las normas más básicas de escritura por el forro (entre ellas no subestimar el criterio literario de toda España) y colocando uno tras otro singulares traspiés históricos y metáforas repetitivas. Es lo que pasa cuando cualquiera se sienta a escribir y tiene el ego un poco sobredimensionado, que enseguida se crece y lo que para Navokov, Proust, Roth o Bukowski son normas elementales de la buena escritura, para él son obstáculos que salta como la vaca a la que le ponen vallas: arrasando.
Bien, pues la vaca arrasó también en ventas, convirtiendo inexplicablemente un libro mediocre en un fenómeno best-seller y de críticas de público. Y ayer sucedió lo mismo con su último libro, El juego del ángel, que ha batido récords de firmas el día de Sant Jordi.

De todas formas, no debería sorprendernos, cuando el público en su inmensa mayoría son los mismos que leen el MARCA, ven OT, creen que el nombre del líder de Queen es Queen y los viernes por la noche ven programas donde se desgrana con saña la vida de alguna persona. Suerte que haya algunos que no nos decidimos a que nos engañen.

Ver más:

No hay escuela como la vieja escuela: Ollie Johnston

Ollie Johnston

(Ollie Johnston -sentado- y Frank Thomas durante la producción de Sleeping Beauty, 1959)

Entre 1930 y llegado el nuevo milenio, Walt Disney y sus herederos no pudieron confiar la ingente tarea creativa en mejores manos que en las de los conocidos como los Nine Old Men (Los Nueve Ancianos), un grupo de ilustradores y animadores tradicionales de enorme talento que diseñaron algunos de los personajes y secuencias más memorables de las películas Disney.

El pasado 14 de abril murió el último de los nueve, Ollie Johnston, a los 95 años. Empezó a trabajar en los estudios en 1935, diseñando a los enanitos de Blancanieves (Snowhite, 1938). Entre papeles, acetatos y pinceles manchados de tinta conoció a una de las trabajadoras encargadas de dar color a los fondos, Marie Worthey, con la que se casó en 1943. No se separó de ella hasta su muerte, el pasado 2005.

Ollie además trabó una amistad especial con uno de los Nine Old Men, Frank Thomas. Juntos escribieron libros, incluído el que se conoce como la Biblia de la profesión, (The Illusion of Life).

Estuvo detrás de buena parte de los animales mitológicos de Fantasía (Fantasia, 1940), de la delicadeza del Bambi recién nacido y de Tambor, (Bambi, 1942), Los Tres Caballeros (The Three Caballeros, 1944), Cenicienta (Cinderella, 1950), Peter Pan, (Peter Pan, 1953), La Dama y el Vagabundo (The Lady and the Tramp, 1955), La Bella Durmiente (Sleeping Beauty, 1959), 101 Dálmatas (101 Dalmatians, 1961), Mary Poppins, (Mary Poppins, 1964), y la creación de Balú, Mowgli y Bagheera en El Libro de la Selva (The Jungle Book, 1967). Su último trabajo para Disney fue como supervisor de animación en Tod y Toby (The Fox and The Hound, 1981).

Sin embargo, ni Pixar con sus mil texturas relucientes logró olvidar el trabajo de los grandes ilustradores básicos; el último tributo que se le hizo a Ollie, ya retirado en una lujosa residencia de ancianos en Washington, fue meterle de extra en una secuencia de Los Increíbles (The Incredibles, Brad Bird, 2004), en la que un anciano defensor de los héroes dice “no hay escuela como la vieja escuela”.

Y tanto, Ollie.

Los animales victorianos de Dan Hillier

Padre e hijo

(Dan Hillier: Father & Son. Grabado)

Dan Hillier tiene esa fascinante capacidad del ilustrador como mago; como un ilusionista victoriano, toma esas icónicas imágenes de los estirados burgueses británicos del XIX y los atormenta con facetas animales que con frecuencia les ahogan o por el contrario les redefinen, dotándoles de una nueva identidad (ese concepto tan trillado pero que en fin, da para tanto).

Sus grabados son de lo mejor que he podido ver en mucho tiempo, tanto en factura técnica como en mensaje. Esqueletos alados, damas con tentáculos y hombres pájaro pueblan su extraño imaginario y agobian, pero también ayudan a soñar.

Aquí os dejo unos cuantos grabados de su cosecha para que los disfrutéis.

Ver más:

 

Humo y Espejo Angel pájaro pareja Serpiente